El Sindicato de Empleados Municipales ha excedido todos los límites y ha colmado la paciencia de los cordobeses.

¿Hasta cuándo la ciudad de Córdoba estará a merced del vandalismo que ha tomado como método de protesta el Sindicato Único de Obreros y Empleados Municipales (Suoem)?

La pregunta carcome a cientos de miles de cordobeses hartos de sufrir la violencia, la invasión de derechos ciudadanos y la destrucción de patrimonio urbano que hace años caracteriza las formas con la que este gremio intenta imponer sus reclamos.

Tirar bombas de estruendo, cortar puentes en forma total, destruir vehículos, tomar edificios públicos, quemar neumáticos, hacer estallar vidrios, volcar contenedores de basura, interrumpir el tránsito de calles céntricas, atacar movileros de los medios, desafiar cuarentenas y bravuconear enviando amenazas a funcionarios son algunas, sólo algunas, de los delitos y barbaridades que cometen, a veces a diario, cuando deciden imponer sus demandas.

Nadie puede estar en contra de algún pedido justo de incrementos salariales o de alguna reivindicación, pero jamás se puede avalar la barbarie como mecanismo de obtención de esos supuestos derechos.

Los cordobeses estamos hartos. Una ciudad entera espera que, de una vez por todas, las instituciones y la justicia le pongan un límite definitivo a estos avasallamientos.