Su juego es una ventana de aire fresco para depurar lo que se hace en las canchas argentinas. Podrá irle bien o no tanto; ganará o lo complicarán. Lo que no está en discusión es que para ganar los partidos hay que ir al frente.


Cuando Talleres juega bien, tiene gol; cuando lo superan, tiene gol; cuando juega “maso”, también tiene gol… Ese rasgo distintivo le ha permitido llegar a la condición de puntero apostando por el juego de ataque y aferrado a la certeza de que en la paridad general del fútbol argentino hoy, tener capacidad de gol soluciona prácticamente todo.

Importante para entender el contexto: no debe sorprendernos si abrís un diario porteño y en la tapa están los triunfos o las derrotas de Boca o River, porque la victoria resonante de Talleres sólo merece un rinconcito…. La historia pasa por otro lado porque ya sabemos que, desde Córdoba, hay que gritar muy fuerte los goles para que alguien los escuche en el Obelisco. Es más: ese juego de la prensa de darle cabida a lo interesante por encima de lo importante es, posiblemente, lo que se hace desde Córdoba capital hacia el interior provincial. ¿O no estamos seriamente sospechados de ser los porteños del interior?

El asunto es que, mientras más arriba esté Talleres mejor será el panorama de lo que pasa en el entorno y cómo se encienden (y se afectan) intereses. La presencia de Talleres como puntero es revolucionaria, provocadora, desafiante. Le moja la oreja a una parte muy importante del negocio del fútbol: por eso, ahora que llegó allí, le toca asumir el desafío de mantenerse. Debe estar preparado futbolística y psicológicamente para las exigencias que le van a llegar.

El gol es la herramienta con la que Talleres templa el alma y enciende el espíritu.


Expediente Avellaneda

El gol, esa indispensable receta que templa el alma y enciende el espíritu, le posibilitó a Talleres crecer en el juego, consolidar su funcionamiento e, incluso, encontrar aire si en algún momento no la estaba pasando bien. Un poco de todo esto le pasó contra Racing, para sacar pecho en el final con un triunfazo que dejó mucho jugo para el análisis, dentro del universo de situaciones que se plantean en un partido de fútbol.
Repasemos de qué se trató y cómo salió parado de Avellaneda.

1) Concentración. El árbitro Patricio Loustau manipuló el sentido de la justicia y afectó a Talleres de una manera grosera: ignoró dos jugadas de amonestación para jugadores de Racing (Lisandro López y Fabricio Domínguez); sancionó una discutible infracción de Héctor Fértoli sobre Fabricio Domínguez y amonestó de manera injusta al propio Fértoli, lo que le valió la expulsión. ¿El penal? Hubo agarrón mutuo de Enzo Díaz y Darío Cvitanich, pero sancionó sólo la falta del hombre de Talleres. Posiblemente, sin la asistencia del VAR, Loustau no pudo ver la secuencia completa y eso le dio información segmentada. Falta de Díaz, sí hubo.
El mayor capital que debió mostrar Talleres en un momento así, que es desestabilizador emocionalmente, es la concentración. No “sacarse”, respetar la idea de juego sin distraerse en lo que hizo y podía hacer el árbitro. Trató de hacerlo pero le costó mucho y Racing lo aprovechó: el partido se emparejó y se encarriló hacia otro rumbo, con la “T” aturdida, retrocediendo y jugando cerca de Guido Herrera. Lo peligroso no es reaccionar, sino dejar que la sangre hirviendo nuble las ideas. A los arqueros suelen decirles que “comerse” un gol es grave, pero más grave es que no se recuperen rápido en el aspecto mental porque atrás de ese error, llegarán otros.

2) Más allá del árbitro. Después de los dos cachetazos que recibió Racing en el arranque (el golazo tremendo de Michael Santos y la expulsión de Enzo Copetti), Talleres tuvo en sus manos las herramientas soñadas para asegurar el triunfo: espacios y tiempo. Gobernó el juego, estableció zonas de crisis que ganó por acción y reacción; manejó bien la pelota en el medio con la capacidad estratégica de Juan Méndez y Rodrigo Villagra; y se acercó al arco racinguista media docena de veces, dejando en claro que el partido estaba a su disposición. No nay nada más táctico que un gol: Talleres pudo y debió sincerar su mejor rendimiento en la red, como un ahorro o un plazo fijo, para anular toda chance de reacción de Racing. Es decir, Talleres tuvo la responsabilidad y la posibilidad de resolver el partido. Si lo hubiera hecho en el primer tiempo, los errores del árbitro ahora serían analizados en otro contexto.
Seguramente el Cacique tomó nota: si Talleres respondía con goles, la incidencia del árbitro hubiera pasado inadvertida. Porque situaciones así le van a ocurrir cuando enfrente a Boca, River y todos los poderosos.

3) Patear al arco. ¿Cuántos jugadores se animan a probar desde media distancia? Pocos…. Los goles de Talleres reafirman que, con la pelota actual, que se mueve en el aire y desacomoda a los arqueros, hay que tirar. Santos y Díaz recibieron su premio por gatillar con determinación.

4) La asignatura pendiente. El buen manejo y circulación que proponen Villagra y Méndez son una marca registrada. La luz roja se enciende cuando el juego no tiene salto de calidad delante de ellos. Hay una tendencia a resolver todo corriendo. Corre Valoyes, corre Auzqui, corre Fértoli; corren Malatini o Tenaglia por derecha y pasa volando Díaz del otro lado; corre Santos; corre Retegui…. El ADN de la presentación del juego sincera a Talleres como un equipo de corredores y eso necesita un filtro: en todo caso, la capacidad de la pausa, la creación, el armado y la administración de los tiempos y los espacios, generarán un paso adelante en la construcción colectiva de Talleres.

5) Delanteros que defienden y defensores que atacan. El Cacique sabe que hay dos franjas que el equipo debe cubrir mejor, porque así como Valoyes y Fértoli no sienten darse vuelta para marcar a los que les ganan las espaldas, a los laterales se les complica cuando los rivales les hacen 2-1 por afuera. ¿Retruco? Talleres propone a defensores que son conceptualmente delanteros: Tenaglia o Malatini y Díaz tienen carta abierta. Crédito sin límites. Deben administrar las subidas para dar vuelta la ecuación y trasladarle el problema al adversario, en la prioridad de resolver esos movimientos.

Al frente

La presencia de Talleres como puntero es una ventana de aire fresco para depurar lo que se hace en las canchas argentinas. Podrá irle bien o no tanto; ganará o lo complicarán. Lo que no está en discusión es que para ganar los partidos hay que ir al frente. Y Talleres lo hace, siempre.