El partido de las eliminatorias fue suspendido porque las autoridades sanitarias brasileñas detectaron datos falsos en las declaraciones juradas de cuatro jugadores argentinos, y quisieron deportarlos. ¿Llegará la disculpa de la AFA?

No es el fútbol sino toda la maquinaria que se activa en su entorno lo que proyecta al deporte más popular del mundo hacia el campo de los negocios, donde adquiere la condición de industria gigantesca que garantiza rentabilidad. Dinero, influencias, notoriedad y poder.

La suspensión del partido que jugaban Brasil y Argentina, por las eliminatorias, merecerá ríos de tinta y los espacios más importantes en los medios de comunicación, para presentar lo que pasó, evaluar de qué manera se desarrollaron los hechos y procurar interpretaciones, que serán tantas como opinadores hay en este universo.

Vale repasar de qué se trató: en San Pablo, jugaban Brasil-Argentina y el partido se suspendió porque dos oficiales de la Anvisa (Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria) se metieron en la cancha reclamando por la presencia indebida de cuatro futbolistas argentinos. Estos jugadores (Cuti Romero, Emiliano Martínez, Emiliano Buendía y Gio Lo Celso) presentaron datos falsos en sus declaraciones juradas para ingresar a Brasil: al ser consultados si habían estado en los días recientes en algunos de los países que se encuentran en alerta roja sanitaria (Inglaterra es uno de ellos), indicaron que “no” y la realidad es que “sí” estuvieron ahí hasta hace una semana, cuando viajaron para jugar el jueves contra Venezuela.

Todo lo que siguió desde ahí fue caos, confusión, informaciones cruzadas, intereses deportivos mezclados con los institucionales…. porque el fútbol ofrece un efecto multiplicador que no deja ver límites.

Uno de los momentos de mayor tensión tras la suspensión del partido.

Las preguntas que nos hacemos todos

1) Si el plantel argentino llegó a San Pablo el viernes a la mañana, ¿por qué se permitió que los cuatro implicados entraran?

Respuesta: las autoridades de Anvisa afirman que, cuando se detectaron los datos falsos en las declaraciones juradas, la delegación argentina ya había salido del aeropuerto y se encontraba en un hotel. Entonces, se le habría cursado una notificación para que los cuatro jugadores implicados no salieran de sus habitaciones porque su presencia en Brasil era irregular. Debían permanecer aislados para ser deportados.

2) ¿Por qué esperaron a que el partido empezara para ir a buscar a los infractores?

Respuesta: Anvisa denunció que la delegación argentina desoyó las instrucciones, ya que los jugadores acusados no solo salieron de las habitaciones sino que interactuaron con el resto del plantel, abandonaron el hotel, fueron al estadio y hasta ingresaron al campo de juego.

3) ¿Tiene algún mensaje o connotación que el partido haya comenzado?

Respuesta: es posible, aunque forma parte del sinfín de especulaciones. Imaginando un posible “paraguas legal” en la justicia deportiva, los dos equipos salieron al campo desactivando así una posible sanción por ausentarse, por el motivo que fuere. A) Brasil pudo tomar tal determinación sabiendo que su rival estaba desoyendo la inhabilitación de cuatro jugadores; B) Argentina, en sentido corporativo, pudo volverse sin jugar como reacción si sus jugadores eran deportados.

Jugadores, técnicos, árbitros y terceros, todos involucrados en la inesperada discusión.

Pasemos en limpio

A ciencia cierta, poco importa qué hará la Fifa con los puntos; o si habrá sanciones para uno u otro equipo. O si existe la posibilidad de que se le haga un lugarcito en el calendario para que el partido se juegue alguna vez. Ni siquiera hablamos del negocio comercial de la puesta en escena de semejante derby, que tenía televidentes hasta el infinito y más allá.

Ahora queda claro por qué la suspensión se produjo ya con el partido en desarrollo y no antes. Esa certeza no alcanza para disipar una percepción: instrumentar la medida así, con un señor o dos entrando a la cancha (¿uno estaba armado?) a meterse entre Messi, Neymar y los demás, fue una garantía para que las imágenes recorrieran el mundo y el impacto fuera mayúsculo. ¿Se buscaba eso? Es difícil negarlo, porque la maniobra resultó efectiva.

Como argentinos, corresponde que nos hagamos cargo sobre cómo somos: resulta que la declaración jurada sanitaria de cuatro muchachos de la selección tiene datos falsos y estamos buscando culpables, o nos preocupamos por reclamar los puntos de un partido….

No se ha leído hasta ahora una explicación o un intento de disculpa de parte de la AFA, partícipe necesario del bochorno, ante la gravedad de la falta: se violó una ley. ¿Ingenuidad? ¿Inocencia? ¿Picardía? Todo esto no tiene nada que ver con la rivalidad deportiva, ni con el folclore del fútbol, sino con una manera de vivir. De entender lo que está bien y lo que está mal.

En abril de 1997, Argentina jugaba con Bolivia en La Paz y el jugador Julio Cruz participó de un intercambio de golpes con el banco boliviano y recibió una trompada en el rostro. Segundos después, apareció con un corte en el otro pómulo…. Al corte se lo hizo el médico argentino, con un bisturí. ¿Alguien leyó algún intento de pedido de disculpas por semejante papelón?

Una vez más, salta a la vista cómo el fútbol se sincera como elemento amplificador y nos expone. Es un terreno fértil para la propaganda, la publicidad, los intereses políticos, ideológicos y también de miserias humanas, en el que un partido de fútbol y sus alcances, se convierten en causa de Estado.

¿Los dirigentes de la AFA sabían lo que estaba pasando? ¿Quién completó las declaraciones juradas de los jugadores implicados: ellos o algún empleado de la AFA? ¿En Brasil esperaron el momento políticamente correcto para encender la mecha?

Telón lento y piadoso… Aunque hayamos perdido la capacidad de sorprendernos, el show debe continuar.