El regreso de Talleres a la órbita internacional dejó muchas sensaciones. Hablar de la derrota en Brasil es inevitable, pero hay otros aspectos que deben ser contemplados. Afuera de la cancha, la gente volvió a ofrecerle una prueba de amor conmovedora.

Hace unos años, que no son pocos como para creer que la evolución ocurre en poco tiempo, ni tantos como para pensar que es la prehistoria, el destino había puesto a Talleres en el amargo camino de la reconstrucción, que no dejaba otra opción que resistir desde el aprendizaje.

En uno de los tantos partidos que le tocó jugar en ciudades retiradas y en clubes que deshojaban la margarita entre fundirse o extinguirse, el colorado Federico Lussenhoff “miraba sin ver” y soltaba una reflexión que le nacía en el alma, mientras una polvareda se levantaba en un remolino en el círculo central del campo de juego: “los vestuarios no tienen revoque y miren lo que es el piso de la cancha…. Pero si Talleres está acá, es por algo. Tenemos que aprovechar esto como un estímulo para salir de esta categoría”. Clarito.

Ahí, con la cruda sensación de haber tocado fondo, Talleres se sometió a la mejor de las terapias: empezó por hacerse cargo de lo que le tocaba, porque cuando eso no se produce y la energía se canaliza hacia la búsqueda de culpables, el proceso de sanación nunca comienza. Y para volver a ser, no hay nada peor que perder el tiempo…

Objetivos

Esta introducción no tiene la menor intención de justificar lo que pasó contra Flamengo, ni de romantizar el crecimiento exponencial que tuvo el club en los últimos años. Es un hecho concreto, palpable: si hay una derrota que lamentar, no es el 3-1 contra los brasileños porque futbolísticamente Talleres tiene objetivos más modestos que salir en la tapa de los diarios por mojarle la oreja a un club que tiene 10 veces el presupuesto de la “T” y está acostumbrado a pelear cosas importantes.

La peor derrota es contra el propio Talleres, porque hizo dos o tres campañas de un rendimiento soberbio, que lo proyectaron a esta recuperada presencia internacional que produce orgullo, reconocimiento y respeto. Pero, justo ahora, cuando llegan las luces y la fiesta, la situación lo sorprende debilitado, con un juego gasolero, sostenido por mucha vergüenza deportiva y dosis homeopáticas de fútbol de calidad. Es como haber calentado el agua y, a la hora de tomar el mate, nos embargaron la bombilla…

Seamos claros: las diferencias entre Flamengo y Talleres fueron, son y serán enormes. Una de las tantas mentiras que se escuchan en los pasillos futboleros es “son 11 contra 11”: ¿es necesario aclarar que no todos los jugadores son iguales? Talleres y Flamengo fueron 11 contra 11 pero los potenciales los distanciaron muchísimo entre sí…. Aunque en el Maracaná hayamos visto a un equipo cordobés corajudo y ofreciendo el corazón hasta el final, el foco de su proyecto deportivo no debe ajustarse a este diagnóstico porque “Fla” tiene la vara absolutamente alta. Tanto, que puede producir algo parecido a la frustración, si no se asume que la “T” transita pasajes más austeros en su evolución.

Por una cuestión de lealtad, pero también de memoria y dignidad, los hinchas marcaron una editorial de la que deberíamos aprender. Tanto los que fueron a Río de Janeiro como los que vivieron el partido a la distancia, celebraron la presencia de Talleres desprendidos de la necesidad de ver que el equipo juegue mejor. Pero eso no quita que a la tribuna le duela verlo reducido a una expresión futbolística mínima: hay aplausos en piloto automático que la gente demora porque muchos de los jugadores, y lo que produce el equipo, sencillamente no los merecen. 

Ésa es la derrota que se presenta para ser evaluada. No vemos el Talleres de la imaginación y la creatividad que marca su historia, porque está construido sobre otros pilares, que lo fortalecen en las oficinas pero lo limitan y lo condicionan adentro de la cancha, donde se escriben páginas que también hacen a la realidad. Juega hacia los costados, carece de organización ofensiva, no deja ver soluciones estructurales para defenderse y cuando quiere ganar los partidos, finalmente los pierde… La falta de recursos técnicos y la ausencia de una idea colectiva que integre, puso el techo demasiado bajo. No sólo en la Libertadores, sino también en el torneo local.

Las derrotas dignas son un consuelo de efecto corto y hasta generaran confusión. La prioridad para Talleres es afirmar el crecimiento sobre bases futbolísticas sólidas, que hoy se han desinflado.

Jugar mejor

Por eso, no habrá segundo ni tercer paso si se saltea el primero. El movimiento inicial es “hacerse cargo” de lo que le pasa: Talleres tiene la hermosa oportunidad de aprender la lección para seguir creciendo, mientras disfruta del glamour y trabaja para desarrollar soluciones que lo rescaten de la mediocridad futbolística de estos meses.

La misma gente que revienta la cancha y lo sigue de manera incondicional, ya hizo saber que cuando hay jugadores de calidad, la relación de amor con la tribuna nunca se termina. Se puede perder 10 veces con Flamengo y nada cambiará: lo que no puede ocurrir es caer en la indiferencia cuando se habla de la necesidad de armar buenos equipos para jugar mejor.