Una defensa al derecho ciudadano de rechazar la obscenidad de una decisión judicial.

Lázaro Baez, el cajero de banco que se convirtió en multimillonario de la mano del manejo espurio de la obra pública, es para los argentinos el símbolo principal de la corrupción estatal. 

No hace falta que se lo repitan los medios: la inmensa mayoría de los ciudadanos de nuestro país está convencido de que ese señor no amasó su fortuna por las vías normales del esfuerzo y el trabajo. Todo lo contrario, lo hizo por los vericuetos más cuestionables y por eso se convirtió en instrumento del desvío de fondos estatales a los bolsillos del poder corrupto.

Al pueblo argentino no le hace falta que le sigan mostrando o recordando lo que se han robado en los sucesivos gobiernos que hemos tenido en el país. Menos le hace falta que le digan quién es Lázaro Báez y qué representa.

Por todo eso, aunque la decisión de mandar a su casa al hombre que simboliza la corrupción nacional sea legal, toda vez que fue decidida por la Justicia, está claro para el pueblo que esa decisión carece de legitimidad. Y ese es el punto.

“Lo legal se apega al derecho, está dentro de un marco jurídico, nos limita a lo que se puede o no hacer desde la visión de la ley. Lo legítimo, además, implica seguir un camino correcto, justo, auténtico, moral y ético. Lo legítimo se simboliza con lo que se merece, lo legal en cambio puede simbolizarse con un sello oficial”, sintetiza el politólogo mexicano Oscar Arredondo Pico.

Lázaro Baéz obtuvo este lunes un permiso legal para irse a su casa, pero no tenía el permiso legítimo que le exige el ofendido pueblo argentino.

Los vecinos del country de Pilar que ayer impidieron el ingreso de Báez a su barrio representan a un inmenso porcentaje del pueblo argentino que ya no aguanta más la sucesión de decisiones legales pero ilegítimas con las que se lo insulta en forma sistemática. No estuvieron sólos, los acompañaron varios cacerolazos barriales y los cientos de automovilistas que insultaron al excajero de banco devenido en empresario corrupto en su derrotero desde el penal de Ezeiza a Pilar y desde Pilar de vuelta al penal de Ezeiza.

El manual básico de la democracia dice que “el poder político que es percibido como legítimo será mayoritariamente obedecido, mientras que el percibido como ilegítimo será desobedecido, salvo que se obtenga obediencia por medio de la violencia del Estado”.

Fue por eso que este lunes la gente desobedeció a la Justicia y mandó de vuelta al penal de Ezeiza a Lázaro Báez. Su prisión domiciliaria es legal, pero ilegítima.

El rechazo de la gente a esa decisión de la Justicia es ilegal, pero encierra toda la legitimidad que demanda una sociedad democrática.