¿Cuál es la medida de Talleres? Nadie puede decir “hasta acá llegó”, ni tampoco puede aventurar que tiene el combustible suficiente para discutir fecha a fecha con River. En cualquier caso, el entrenador es el gran ganador en todo este ciclo.

Los resultados de los últimos partidos pusieron a Talleres en un marco de expectativas más moderadas, considerando las que se habían encendido hace algunas semanas a partir de sus actuaciones, estilo de juego, triunfos y puntos, que llevaron al equipo a ser puntero y merecer reconocimiento. Ahora, puesto en la necesidad de confirmar sus pretensiones de ser campeón, el fútbol que sigue eligiendo jugar dejó ver algunos nubarrones que le restaron fuerza. Nada que no pudiera ocurrir, porque se trata de la consecuencia de ciertas limitaciones que siempre estuvieron y ahora, en dosis homeopáticas, empiezan a incidir.

Sabemos que son muchos los factores que influyen para que un equipo consolide un proyecto y quede a salvo de las casualidades. En esto, nunca 1+1 es igual a 2: Talleres juega bien, respeta una idea y sincera un estilo ofensivo que es aplaudido por todos, mientras define si le da el talle para discutir el primer lugar. Viene de ganar partidos fundamentales que proyectaron sus posibilidades por mérito propio aunque también por sentido de la oportunidad, porque aprovechó que los equipos “grandes”, que siempre tienen más recursos, estaban dormidos, demorados o simplemente jugando mal.

Constructor de un ADN

Pero también perdió jugando mal con Defensa y Justicia, e incluso siendo superior a Colón, en ambos casos sin exhibir la credencial de oro: el poder de gol. Su margen de error es definitivamente menor que el de River, por cantidad de jugadores, calidad individual, jerarquía, capacidad para sostener un nivel de rendimiento y también por el peso en los arbitrajes ¿para qué negarlo?, más allá de que es saludable pensar el fútbol sin detenernos demasiado en los fallos.

Entonces, cabe preguntarnos ¿cuál es la medida? ¿para qué está Talleres? Los hinchas se enamoran cuando lo ven ir al frente. Con una dinámica muy de estos tiempos, en que se corre mucho y se piensa menos, el equipo construyó un ADN en el que se destacan algunos conceptos siempre vigentes, pero que están reservados a unos pocos que se animan. Abre la cancha, cuida la pelota, tiene calidad de pase interno, imagina los partidos en sentido ofensivo, coordina sus movimientos pensando en defenderse desde el ataque y le da licencia a medio equipo para que cruce la mitad de la cancha y apueste por la llegada al área.
El eje de la discusión es si todo eso le alcanza, porque necesariamente en la mesa del análisis reservamos una silla para Andrés Fassi, el ingeniero que diseña las políticas deportivas del club; y Alexander Medina, el orfebre capaz de hacer que brille todo lo que vienen poniéndole para administrar. No es una discusión de uno contra otro, ni de establecer ganadores, sino de hacer una mirada macro: mientras Fassi, con todos sus argumentos, estableció como prioridad un ritmo de crecimiento institucional que se nutre de la rentabilidad económica, Medina viene armando equipos muy competitivos con lo que no le vendieron. No es peyorativo para los jugadores, sino que es evidente que la palabra “campeón” no figura en el diccionario del presidente, al menos ahora, porque eso sería saltar etapas. Hay una línea de flotación, que considera respetar los beneficios del ingreso de dinero sin condenar lo futbolístico.

Nadie puede decir “hasta acá llegó” Talleres, ni tampoco puede aventurar que tiene el combustible suficiente para discutir fecha a fecha con River. La tentación de hacer futurología está muy vinculada con el periodismo de aventura y no es éste el caso…

En toda esta historia, el gran ganador, es el Cacique Medina. De él son las medallas. Su Talleres funciona bien porque conceptualmente es fuerte, es claro, potencia las virtudes de sus hombres para disimular las carencias y lo hace desde lo colectivo. Su influencia es altísima, tanto que en la patria albiazul a más de uno se le escapa un lagrimón porque se sabe, aunque nadie lo diga oficialmente, que los días de Medina en barrio Jardín están contados. Con Talleres campeón o no; con las energías que le restan, el entrenador ha sido el mayor ganador en toda esta historia porque refrescó una manera de sentir el fútbol muy vinculada con la sensibilidad de la gente.