La aparición de Emiliano Martínez es una de las mejores noticias de los últimos años en el ámbito de la Selección Argentina de fútbol. Su presencia les ganó a los escépticos que lo condenaban sin conocerlo: hoy, es uno de los elementos más importantes del equipo.

Si un arquero tapa media docena de pelotas de gol, pero en la última resuelve mal una que termina adentro ¿qué calificación merece? Cuando el partido entre Argentina y Uruguay se extinguía y el triunfo 1 a 0 era sostenido con todo el equipo metido en el área, un remate de los uruguayos dejó ver a un Dibu Martínez “humano” y casi se convierte en el 1 a 1: la pelota se le escurrió en el intento de embolsarla, pasó entre las piernas y fue a frenarse en los tobillos… Él ofreció una sonrisa pícara, pero el susto fue mayúsculo y movió toda la estantería.

Desde afuera, la mirada siempre tiende a simplificar las cosas y, en ese caso, fue imperceptible lo que explicó el propio Dibu: la pelota se “movió” y lo desacomodó. ¿Qué significa que se “movió”? Las pelotas modernas se “mueven” porque no tienen estabilidad cuando salen remates con potencia. “Viborean”, zigzaguean, parece que se van a cerrar y luego modifican el recorrido y se abren. ¿Por qué? En el afán de que haya más goles, la Fifa autoriza la fabricación de estos balones “vivos” y hasta lo alienta, aunque eso genere muchos rebotes y siempre sobre los arcos flote el fantasma del rechazo y la inseguridad.

La cuestión es que Emiliano Martínez estaba jugando (una vez más) en muy buen nivel y esa jugada lo expuso. Va de nuevo: ¿cómo se lo hubiera calificado si terminaba en gol? Más allá de la injusticia de subestimar algo tan complejo como evaluar a cada futbolista y, particularmente a un arquero, eso que pasó en Uruguay nos recuerda algo que siempre se dice en el boxeo: cuando suena la campana, al boxeador hasta el banquito le sacan y lo dejan solo. Martínez quedó solo. Él contra los 11 leones uruguayos. Él contra la pelota. Él contra las circunstancias. Él conviviendo con sus imperfecciones, en un puesto / función que no las tolera y las condena.

Los partidos empiezan atrás

Los arqueros nunca son ajenos al juego colectivo porque muchas de las cosas que ocurren más allá del área, son la consecuencia de lo que se generó momentos antes un poco más acá. En los triunfos y en las derrotas, lo que se hace en y desde el arco se refleja y proyecta muchas veces en las respuestas tácticas del equipo.

Sin embargo, no es habitual que un tipo con guantes resulte indispensable cuando se enumeren las virtudes que llevan a un triunfo. ¿Es posible que una victoria pueda gestarse porque el arco está bien cubierto? Son bichos solitarios y evaluarlos es un asunto extremadamente elevado: analizar a un arquero es lo más difícil que hay. En los últimos años, con las modas que se convierten tendencia, comenzó a destacarse (y exigirse) que el arquero tuviera destreza y criterio para jugar la pelota con los pies, cosa absolutamente necesaria en el menú de prestaciones que le reclama integrarse a la construcción de jugadas y coberturas defensivas. Pero primero debe atajar: que la pise como Riquelme, si quiere…. pero que sepa usar las manos primero.

La mirada de especialistas

Mario Giunchiglia, ex Talleres y reconocido preparador de arqueros, ofrece su punto de vista: “Martínez tiene presencia, tiene juego táctico. Entre las virtudes, destaco que comprende muy bien la diferencia entre esperar en una jugada o bien achicar hacia adelante, algo que a los arqueros les cuesta mucho. Tiene buen manejo de la pelota con los pies, muy buena pegada y es criterioso para manejar al equipo desde atrás. Habrá que verlo, a él y a la defensa en general, en otro nivel. Por ejemplo en un Mundial, donde los rivales serán más calificados. Espero que lo que estamos viendo no sea una racha porque me ha causado una grata impresión”, opina Giunchiglia.

El “Juanca” Olave rescata un valor fundamental: “Da la sensación de seguridad que todo equipo necesita. Más allá de sus condiciones, destaco su personalidad. Se adueñó del arco de la selección, donde otros arqueros han tenido buenos partidos. Martínez tiene carácter, algo tan importante en un puesto tan sensible. Siento que es ‘el’ arquero y espero que pueda sostenerlo en el tiempo. Es un arquero de selección”, comparte Olave, ex cuidapalos de Las Palmas, Instituto, River y fundamentalmente Belgrano, entre otros equipos.

Otra voz autorizada es la de Javier Sodero, el ex Belgrano y River, entre otros clubes. “Martínez tiene personalidad y se destaca por su aplomo. Considero que es un arquero de selección grande porque le toca participar poco y debe responder bien. Hemos tenido grandes arqueros y él está en un momento de excelencia. Achica bien y solucionó el problema del juego aéreo, porque agarra todo lo que le tiran por arriba. Lo considero un arquero de elite”. Palabras de Javier.

El gol de Dibu

Tan importante como el 1 a 0 de Ángel Di María, que resultó definitivo, fue una tapada tremenda, monumental, que el arquero de la selección protagonizó en el área chica cuando el partido estaba 0 a 0: dio el paso hacia el frente, se acomodó abriendo el cuerpo y le opuso resignación y valor a un fusilamiento de Nahitan Nández. Todo en una fracción de segundo. Conservar el 0 en el arco argentino fue determinante y se convirtió en el eje de la resistencia, que se alimentó con el notable partido de los cordobeses Nahuel Molina y Cuti Romero, junto con otras atajadas lucidas de Dibu…. y la infaltable cuota de fortuna en la jugada del final.

Tener a un arquero que inspire confianza, hace en gran medida a la seguridad que se pueda presentar en el resto del campo. En el fútbol nunca 1+1 es 2, lo sabemos. Mientras tanto, ahí está este grandote que, silenciosamente, sin ser tapa de los diarios que ponen y sacan jugadores, hoy hizo que los argentinos hablemos y discutamos hasta los movimientos de Messi. Pero ya no al arquero.