Entre sus propias virtudes y la dinámica del campeonato, Belgrano está a medio paso de confirmar el ascenso. ¿Habrá servido esta experiencia en la B para consolidarlo arriba, entre los equipos más importantes del país?

Una cosa es jugar en primera división y otra, ser de primera división. Es la diferencia que existe entre un hecho puntual (ganar un campeonato) y otro que referencia un nivel estructural, que compromete diferentes estamentos de una institución y la sostiene, más allá de una racha de resultados.

Aunque suene contradictorio y confuso, hay clubes que juegan en la B, pero tienen esencia de primera división: Belgrano es uno. Sobre todo, si reflexionamos cuál es la relación del fútbol con la gente, como fenómeno social que le reconoce al sentimiento y a la piel, la condición de capital. La puesta en escena de su equipo y el apoyo multitudinario, representan una foto rentable en papelitos, cánticos, humo y banderas, pero fundamentalmente en el dinero necesario para darle forma a las decisiones. Tener todo eso es un plazo fijo.

Aclaración: no es una cuestión que se reduzca a la billetera o a la picardía de los dirigentes, sino que remite a mecanismos de seguridad que ponen a las instituciones a salvo de la coyuntura, como puede ser perder un par de partidos. Nunca más ilustrativo y exagerado, el contexto de las derrotas que ocurren en Argentina: el descenso es una tragedia, que se lleva puesto todo. ¿Quiénes sobreviven? Solo los clubes con capacidad para asimilar el aprendizaje, no dejarse llevar por los delirios y respetar un precepto básico: salvo la dinámica que ocurre adentro del campo, donde a veces gana el que no juega mejor, afuera y en casi todo lo demás 1+1 es igual a 2. Las gestiones basadas en especulaciones o delirios de grandeza generalmente fracasan y consumen la confianza de la gente.

Hace cuatro años, Belgrano venía languideciendo en primera y descendió. Cuando le tocó jugar nuevamente en la B, su gente renovó el amor incondicional y lo acompañó confirmando un rasgo distintivo: Alberdi “explotó”. En segunda división, muchos clubes tienen una convocatoria superior y permanente, en comparación con 20 equipos del círculo superior. ¿Eso es suficiente para “ser de primera”?

Cuando a Belgrano le tocó jugar nuevamente en la B, su gente renovó el amor incondicional y lo acompañó confirmando un rasgo distintivo: Alberdi “explotó”.

Expectativas y posibilidades

La historia de nuestros torneos ha visto desfilar a decenas de participantes que llegan al nivel más alto y así como suben, bajan. Incluso, algunos hasta “desaparecen” de la órbita profesional. Esta parábola de los ascensos meteóricos, la permanencia fugaz y la retirada previsible, afectó y afecta a diferentes entidades que desarrollan algún potencial futbolístico circunstancial pero no logran afirmarse por la carencia de algo fundamental: un proyecto coherente, que construya expectativas de acuerdo con las posibilidades.

Entre Belgrano, Instituto, Talleres, el propio Racing de Nueva Italia; Atlético y San Martín de Tucumán; los rosarinos; Central Norte de Salta; Colón y algún otro ¿qué diferencias hubo y hay? Todos ellos, en algún momento, jugaron, juegan o quieren jugar contra Boca y River, desde la capacidad de meter multitudes y “reventar” las tribunas. Pero tuvieron destinos disímiles cuando los resultados deportivos fueron adversos. Algunos no pararon de retroceder; otros, rebotaron y volvieron fortalecidos. Se llama experiencia, que se nutre del aprendizaje y la sensatez de quienes toman las decisiones.

Es la hora

La salud institucional de Belgrano deja ver una madurez que le da credibilidad para intentarlo de nuevo. Jugar en primera está a la vuelta de la esquina; ser de primera, es un desafío que lo encontrará mejor preparado que en ocasiones anteriores y con un equipo armado que necesitará, seguramente, algunos ajustes.

Por lo pronto, ya sabe que llenar la cancha es maravilloso y tener el césped perfecto es indispensable. Pero para consolidarse entre los grandes, lo espera un enorme menú de condiciones que deberá respetar. En el fútbol, perder los partidos es una posibilidad. El problema es cuando las consecuencias ponen en jaque lo estructural o desnudan que no hay plan más allá del próximo domingo. ¿Indicios? La cantidad de decisiones elaboradas desde la angustia y el apuro, reflejadas en contrataciones de entrenadores y jugadores de capacidad dudosa, con permanentes cambios en la configuración del GPS. En algunos casos, hasta comprometiendo el orden económico. Cuando se decide sobre la marcha, sin una biblioteca que respalde los criterios, es raro que alga salga bien.
El factor tiempo está en manos de Belgrano. Hoy lo tiene. La historia espera ser escrita.