No se trata sólo de la derrota contra Platense, sino de la línea de rendimiento que el equipo ofreció en los partidos previos al torneo oficial. Los hinchas empiezan a perder la paciencia porque la “T” juega entre regular y mal, sin rasgos de mejoría que inspiren confianza.

Más allá de que es la primera fecha, o que fue de visitante, o que el gol de la derrota contra Platense llegó cuando los jugadores ya pensaban en la ducha, Talleres comenzó la temporada oficial proyectando los defectos que insinuó en el verano. Además, ratificando la dificultad para desarrollar alguna fortaleza que lo posicione con más fuerza (y paciencia) en la consideración de los hinchas. Por eso, no sirve de mucho moderar el desencanto porque fue la primera fecha, o de visitante, o en el descuento: la hora de la verdad llegó y la realidad exige un juego más sólido, más fluido, con expectativas más elevadas, o habrá que prepararse para expectativas más austeras.

Hoy, con atenuantes y todo, este equipo albiazul en “reconstrucción”, confirma la distancia que lo separa (y mucho) del modelo protagonista de los años pasados. Es cierto: hay tiempos que transitar para que los procesos muestren alguna evolución significativa, porque lo que piensa Ángel Hoyos no es otra cosa que lo mismo que hacía el Cacique. Claro, con otros jugadores y otra sintonía entre los que entraban a la cancha…

Lo que llama la atención es que los partidos “por los porotos” ya empezaron y la “T” sigue en boxes, ajustando cosas, auscultando sociedades y tratando de pasar en limpio un modelo de juego que respeta la idea madre de cuidar la pelota y atacar.

El tema es cómo, cuándo y con quiénes, todos elementos cruciales para definir el ADN de un equipo que debió salir a la cancha con la vara absolutamente alta y la gestión de Hoyos arrancando muy tarde, como para exigir resultados ahora mismo. Ah… y con la inmensa mayoría de las contrataciones reducida al carácter de inversión. ¿Refuerzos o incorporaciones? Ésa es la otra cuestión, que no quiere decir que retrocedamos en el tiempo para volver a la época en la que cada año llegaban 20 jugadores de descarte y casi ninguno hacía diferencia en el campo.

El bosquejo

Por si hacía falta aclararlo, los partidos contra Independiente, San Lorenzo y Belgrano no fueron amistosos, de ninguna manera. En todo caso, podemos definirlos como “no oficiales”, porque no repartieron puntos, pero la envergadura de lo que se juega la “T” y el proyecto de protagonismo que se escucha en la voz de Andrés Fassi, no dejan espacio para ensayos sin rigor. Si juega, es en serioEl resultado es importante en los números pero sólo en función de lo que es capaz de producir, de la calidad de sus movimientos, de la riqueza de las herramientas que respaldan su manera de resolver los problemas.

Participar de esos encuentros significó una rentabilidad económica que expuso a Talleres a una exigencia prematura a un costo alto, si hablamos de credibilidad y confianza. Todas las bibliotecas conducen a la misma conclusión: en las derrotas (dos) o en la victoria (una), esos partidos sólo tendrían sentido si hubieran sido banco de prueba pensando en los puntos, en el calendario oficial. Entonces, pudo perder contra Independiente y San Lorenzo, o ganarle a Belgrano, pero es el contexto lo que ahora sirve para ver dónde está parado el equipo. Qué tiene, qué le falta, qué guarda en el banco y qué posibilidades tiene contra los que jugarán por los mismos objetivos.

Y acá estamos, asumiendo que Talleres juega entre regular y mal, igual que le pasó contra Independiente, San Lorenzo y Belgrano; que no es sólido para defenderse; que por querer ganar, termina perdiendo; que es distraído posicionalmente para cerrarse; que no tiene peso en la creación y oscila entre la vocación de jugar lindo y la tentación de quedarse sólo en lo vistoso. No se ha visto un paso adelante claro en su juego; peor aún, cuesta encontrar algún aspecto que muestre una mejoría con relación a lo que dejó Alexander Medina.

En lo que va de la gestión Hoyos, el Talleres que los hinchas esperan no aparece.

Hechos, no palabras

Esta foto de Talleres recrea un aspecto que se viene discutiendo desde hace tiempo: ¿cómo se hace para diseñar un diagnóstico si la gestión tiene, por un lado, indicadores de la situación institucional (y económica); por otro, los que plantean una necesidad de recursos desde la cocina del fútbol, con todos y cada uno de los elementos que compone la formación de un equipo competitivo? Ya sabemos que si no se vende, no se contrata. Pero sí hubo ingresos importantes de dinero… También sabemos que ese superávit, logrado en gran medida por la astucia de Andrés Fassi para establecer lazos comerciales con otras latitudes esquivando Buenos Aires, dejan a la vista que las prioridades para el presidente son claras y no siempre las palabras alcanzan para disimularlas.

Ver jugar a Talleres es un hecho de confirmación: se está generando un cuestionamiento sostenido porque el equipo no arranca. Como no hubo (ni habrá) grandes erogaciones para reponer a los jugadores que se fueron, es evidente que la estructura colectiva está debilitada. Definitivamente (y no es un defecto), se trata de un proceso de formación, consolidación y negociación. Allí, entre líneas, están los tiempos de maduración de los jugadores que se eligieron y se contrataron. Sujetos a esa instancia, tal vez esté la respuesta que hoy, la formación que pone Hoyos en la cancha, no ha sido capaz de ofrecer.