Los equipos más fuertes de la segunda división no logran consolidar números a la altura de lo que genera Belgrano y parecen alineados con la idea de discutir hasta el segundo puesto, porque el primero es de color celeste. ¿Es cuestión de suerte? ¿Tan arriba está la “B” del resto?

Cada fecha parece confirmar que, esta vez, hay una luz especial sobre el campeonato que Belgrano lidera con un andar avasallante, porque mientras la condición de puntero es defendida con triunfos y goles en todas las canchas, los otros equipos fuertes de la categoría tienen problemas para seguirle el ritmo y pierden puntos que los distancian del primer lugar.

Calculadora en mano, la conclusión repetida de cada fin de semana es que “casi todos juegan para Belgrano” y así parece ser, aunque recién va un tercio del campeonato y falta muchísimo.

Pero vale una aclaración, de entrada nomás: el primer responsable de este panorama es el propio equipo cordobés. Obtiene resultados que certifican sus expectativas de jugar bien e ir al frente, con argumentos mucho más ricos que el famoso “jugar a lo Belgrano”. Meter centros y atropellar, puede salir bien alguna vez; este equipo tiene recursos para abrir el radar a otra manera de encarar los partidos. No siempre ganó enamorando a la tribuna pero evidentemente, a esta altura sería una falta de respeto hablar de casualidades o reducir los méritos a simples los alcances de una “racha”.

Si bien es cierto que cuando los que vienen atrás deben ganar y no lo hacen, el eje de toda esta cuestión es que la vara está muy alta, si se habla de discutir protagonismo. La mejor síntesis es que Belgrano impone condiciones y ostenta la condición de líder con fundamentos que son irrefutables. Gana cuando juega bien, pero también cuando lo colectivo se apaga y se apoya en lo individual, o cuando tiene un día flojo y los goles salvadores (e infaltables) lo rescatan para encauzar los partidos más difíciles.

Se hace cargo

El primero que juega para Belgrano es el propio Belgrano. Siempre es complejo determinar cómo conviven el nivel de juego y los goles que consigue: ¿los goles hacen que juegue mejor o juega mejor y por eso tiene goles? Si los goles son la consecuencia del funcionamiento, a Belgrano le ha pasado. Y si llegan por sentido de la oportunidad, sin tanta conexión con el juego, hay unas cuantas evidencias que lo certifican.

Parte de sus méritos radican en la evolución. Creció y se desarrolló de la mano de las exigencias. Con Guillermo Farré como entrenador, el equipo primero se ordenó y después avanzó hacia una idea integradora que respeta la esencia de sangre caliente, que hace feliz al hincha, pero con una imprescindible apuesta por la calidad del fútbol que abre espacios y acerca a la posibilidad de ganar. Por supuesto que tiene varias asignaturas pendientes: en una categoría extremadamente pareja, le ha tocado y le tocará presentarse en campos de juego irregulares, públicos hostiles y arbitrajes mediocres, que pueden incidir en el destino de los partidos. En Alberdi, el piso es un lujo, digno de primera división. Pero hay cada cancha….

Para avanzar a una velocidad crucero, necesita consolidarse. Para amortizar el efecto de esos factores, la única receta de efectividad comprobada es jugar mejor que el rival y sobreponerse al entorno. Durante décadas, los clubes del interior sabían que ir a jugar a Buenos Aires implicaba el riesgo de sufrir injusticias en los arbitrajes y eso los obligaba a razonar de otra manera. Aquí, todos quieren sacar chapa cuando enfrentan a Belgrano: ¿es un problema o una oportunidad? Definitivamente, lo mejor que le puede pasar a la “B” es que todos quieran ganarle. Eso se llama “respeto”.

Líderes silenciosos

Un dato fundamental: la gran mayoría de los triunfos se cristalizaron con goles conseguidos en el segundo tiempo, cuando empieza a ser determinante el rendimiento físico, la paciencia, la personalidad y la categoría de sus hombres para decidir en instancias límites. No sólo es cuestión de acertarle al arco, sino de entender los partidos, generar las condiciones e imponerlas. Todos sabemos lo que significa la presencia de Pablo Vegetti: sus números eximen de todo comentario y donde va, lo esperan con un garrote. En silencio, Belgrano germinó otros líderes que resultan tan importantes como el goleador santafesino: desde la seguridad del arquero Nahuel Losada, la solvencia de los defensores Diego Novaretti y Alejandro Rébola, el crecimiento de Santiago Longo y la influencia, en el juego y en la red, que está mostrando Mariano Miño, posiblemente el jugador de mayor progreso individual en todo este proceso.

La presencia de Belgrano se ha vuelto intimidante. No es que los otros equipos poderosos se hayan resignado, pero es evidente que la diferencia de puntos es disciplinadora.

Queda mucho camino por recorrer. Alienta ver a Belgrano seguro de lo que hace, porque el objetivo del ascenso tiene otra perspectiva cuando el rendimiento se apoya en bases sólidas.

Mientras tanto, si los competidores no pueden alcanzarlo, en Alberdi será siempre una buena noticia. Pero más lo es y lo será, si el equipo gana lo que tiene que ganar.