El duro momento para un género que se vuelve cultura

Es sábado y todavía el sol no cruzó el horizonte, suena el teléfono: es mi viejo, que me hace saber que ya está listo para que lo pase a buscar.

Llego y veo a la Kary acomodando las barras, Rubén tiene las luces puestas y el Gaby me jura que no pasa nada con esas nubes. Es sábado y el cuarteto lo sabe.

Una noche de sábado en el Super Deportivo

Ya pasaron más de 200 días sin bailes de cuarteto. Pero el ritmo no se apaga, el cuarteto no es solo un género musical, es mucho más que notas en el pentagrama. Está en el ambiente de nuestra provincia, es parte de nuestra geografía. Se sumó a nuestra cultura por más que los cultos de otras épocas lo hayan rechazado.

El tunga tunga se refleja en nuestra mirada, en nuestro andar y en el humor que nos caracteriza.

Los cordobeses somos alegres, orgullosos, ingeniosos y trabajamos al son de los temas de Jiménez. Primero cordobesa y luego argentina, decía mi abuela.

Pienso en aquello que comenzó en las manos de Leonor Marzano, ese ritmo pegadizo que te hace mover del corazón para abajo. Ese swing no es algo que pueda explicar en términos precisos, pero está presente en cada chico que agarra un instrumento en este suelo.

Leonor Marzano

Las teclas gastadas de ese piano histórico son la prueba del esfuerzo y los años que le llevó al cuarteto sentarse en cualquier mesa.

Piano saltarín

El tango fue resistido pero el cuarteto perseguido, dice un sabio. El Carli narra en sus entrevistas lo duro que fue ser Jiménez en el barrio más paquete de la capital.

Quizás sea esta pandemia una dura prueba más que le toca afrontar.
Trato de no pensar en cuánto tiempo falta, prefiero imaginar lo lindo que va ser volver a verlos.