Ocurre en un centro internacional ubicado entre Capilla del Monte y Charbonier. No tienen abrigos ni víveres para llegar al final del aislamiento obligatorio.

Por Juan Federico

¿Cuánto puede cambiar el mundo en sólo 15 días? ¿Cómo sólo dos semanas pueden trastocar por completo la vida de las personas? En medio de la pandemia mundial por el coronavirus, en un chalet ubicado entre las poblaciones cordobesas de Capilla del Monte y Charbonier, 60 personas han quedado en una extraña zona gris. Varios de ellos hoy dicen que se sienten apátridas en su propia patria.

¿Cómo es esto? Empezamos por donde arrancan las historias, el comienzo. Ocurrió el pasado 11 de este mes, cuando el mundo y la Argentina tenían otro ritmo. Sesenta personas de distintas nacionalidades llegaron ese día al centro de meditación Vipassana, ubicado entre Capilla del Monte y Charbonier, donde el valle de Punilla exhala sus últimos kilómetros.

Varones y mujeres de diferentes edades y realidades estaban dispuestos a sumergirse en la meditación más intensa. Dejaron sus celulares en el ingreso y quedaron confinados a la propia soledad de cada uno. Un silencio extremo para encontrarse.

Una calma que cuatro días después tuvo lo que todos creyeron que se trataba de una breve interrupción. Alertados por un vecino que dijo haber visto gente extranjera en ese lugar, la Fiscalía de Cosquín envió a policías y a un equipo médico para ordenarles a todos los que estaban meditando que debían realizar una cuarentena obligatoria de 15 días en total, ya que algunos de los que integraban el grupo acababan de llegar al país de países denominados de “riesgo” ante el avance del coronavirus. Aún el aislamiento social obligatorio no figuraba en la literatura argentina y las clases todavía estaban en curso. Hace sólo 11 días.

A todos se les tomó la temperatura, se comprobó que nadie estaba enfermo y se indicó que la fecha del inicio de la cuarentena era la del inicio de la meditación, el 11, por lo que recién la cuarententa se iba a terminar el 24 a la noche. Los presentes se miraron entre sí y sacaron cuentas: el curso terminaba el 22, por lo cual quedarse dos días más no representaba ninguna complicación mayor para ellos.

Saludaron a policías y médicos y cada cual regresó a su habitación. Recordemos que ninguno tenía celular ni medio de comunicación con el exterior, ya que esa es una de las premisas del curso.

El 24 a la noche, cuando volvieron a reunirse, aparecieron el comisario de Capilla de Monte y los dos médicos, quienes comprobaron que todos estaban sanos. Listo, les dijo el jefe policial, se acabó la cuarentena obligatoria. Pero… agregó, y varios no dieron crédito a lo que comenzaron a escuchar. El comisario les informó que desde el viernes anterior nadie podía desplazarse del lugar en el que estuviera, salvo algunas excepciones, por un decreto presidencial. Y, agregó, esas excepciones no abarcaba a ninguno de los allí presentes.

Recién entonces, estas 60 personas, mujeres y varones de Alemania, Francia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, San Luis y Mendoza, comenzaron a tomar dimensión de cómo el mundo y Argentina había mutado a causa de aquel murciélago que alguien intentó comer hace ya largos meses en una aldea de China.

El lugar está emplazado en una suerte de “pozo” al que no llega la señal de celular. Por ello, deben caminar varios metros hasta conseguir un hilo de señal wifi, por lo que ahora todos se turnan para poder comunicarse con sus familias sólo durante breves minutos por día.

Los víveres ya escasean y los organizadores debieron echar mano a las donaciones que cada uno de los presentes llevó como forma de pago por el curso para aprovisionarse de comida y agua.

La mayoría ya no cuenta con mayores recursos económicos ni ropas de invierno, ya que llevó pertenencias pensando en sólo 10 días de aislamiento para meditar.

La incertidumbre y el desconcierto es ahora el denominador común. Están intentando que la fiscal que quedó a cargo de la jurisdicción de Cosquín, Jorgelina Gómez, habilite algún recurso que les permita salir de manera excepcional a la ruta y retornar a sus hogares. La respuesta oficial, hasta ahora, los abruma: no hay excepción posible que los abarque, según el decreto presidencial.

Saben, por las noticias que leen cuando tienen señal en el celular, que es muy probable que el aislamiento social obligatorio, la cuarentena forzosa, se alargue hasta después del domingo 12 de abril, Domingo de Pascua. Como mínimo. Una suposición que los agobia. Y cuya solución, hasta ahora, nadie parece acercar.