A pesar de que el arroyo La Cañada nace en el espejo de agua La Lagunilla, cerca del Valle de Paravachasca, y tiene un recorrido de 28 kilómetros hasta fundirse en el río Suquía, en la cultura cordobesa ese nombre se asocia al encauzamiento de unos 3 kilómetros de longitud, que va desde la calle Tronador hasta Humberto Primo, atravesando de sur a norte a la ciudad de Córdoba.

La Cañada se concretó durante la segunda mitad del siglo XX y se realizó en tres etapas diferentes. Foto: Biblioteca de la FAUD.

Hasta inicios del siglo XX, el arroyo funcionaba como límite occidental de la Capital provincial. Más al oeste comenzaba una zona de arrabales conocida extraoficialmente como “El Abrojal”. Pese a que parece un cauce manso, en tiempos donde el clima castigaba con sus lluvias torrenciales se transformaba en un río violento que en muchas ocasiones arrasaba con todo lo que se encontraba en su camino, hasta cobrarse en muchas oportunidades vidas humanas.

Primer obra: El calicanto

Si bien en 1623 se construyó un parapeto para contener las crecidas de ese hilo de agua natural, recién en 1671 se pensó en una verdadera obra de contención, cuando una inundación produjo numerosos destrozos. Ese año se construyó el conocido “calicanto”, que consistía en murallones de cantos rodados soldados con cal. El proyecto fue ordenado por el entonces gobernador de Córdoba del Tucumán Ángel de Peredo y ejecutada por Andrés Jiménez de Lorca.

Desembocadura de La Cañada en el Río Suquía en 1927. Foto: Sebastián Cánepa.

Aunque la muralla era más resistente que su antecesora, tuvo que ser reconstruida numerosas veces. La última gran crecida ocurrió el 15 de enero de 1939 y anegó las calles hasta la Plaza San Martín, arrasando con pavimento, ómnibus, muebles y animales. Del antiguo calicanto, que se mantuvo hasta 1944, se conserva un fragmento que está en la plazoleta de bulevar San Juan y La Cañada.

Segunda obra: La Cañada

A raíz de esta última catástrofe, las autoridades decidieron finalmente construir La Cañada, tal como se conoce en la actualidad. El proyecto se concretó durante la segunda mitad del siglo XX y se realizó en tres etapas:

  • Primer tramo (1944 – 1948): bajo la intendencia de Donato Latella Frías, se construyeron 2.500 metros de largo del encauzamiento, con un ancho de 15 metros y 18 puentes. Un dato curioso fue que durante las excavaciones, los obreros hallaron restos fósiles correspondientes a la especie prehistórica del Megaterio en inmediaciones de la Iglesia del Carmen.
  • Segundo tramo (1983 – 1991): se concretó durante la gestión municipal de Ramón Mestre y cubrió 700 metros con la incorporación de tres puentes.
  • Tercer tramo (1991 y 1999): se agregaron 3.800 metros a la obra ya existente, con cinco puentes nuevos. Esta última etapa no está hecha de hormigón, sino que las barrancas están recubiertas, entre otros elementos, por piedra bola.

Paisaje parisino

A la pintoresca obra civil se le suman los 26 puentes de piedra de aire romántico, que unen ambos lados del arroyo. El primero de ellos se edificó en 1796, sobre la calle 27 de Abril, a base de hormigón, piedra y ladrillo.

En 1671 se construyó el conocido “calicanto”, que consistía en murallones de cantos rodados soldados con cal. Foto: Biblioteca de la FAUD.

El paisaje se completa con su tradicional vegetación. Originalmente una fila de algarrobos bordeaban el cauce, pero en la primavera de 1948 se plantaron 375 ejemplares de tipas blancas que, desde entonces, son parte de la postal urbana y han quedado inmortalizadas en poemas y canciones.