Tomas de 22 años, y su padre Ivan, se trasladaban en el utilitario que terminó dado vuelta en el choque múltiple de este lunes en Ruta 19. El testimonio del milagro.

Informe de Alejandro Pozo

Este lunes por la tarde, fue noticia el impactante choque múltiple que tuvo lugar en Ruta 19, entre Malvinas Argentinas y Mi Granja. Causado por la baja visibilidad que provocó la fuerte tormenta de viento y tierra en el sector, el siniestro terminó involucrando a dos camiones, autos particulares y un utilitario.

El utilitario era conducido por Tomas, quien viajaba con su padre Ivan. Ambos oriundos de las Arrias, trasladaban mercadería desde Córdoba para su negocio cuando impactaron contra el camión. En diálogo exclusivo con Alejandro Pozo para la Supermañana esto nos contaban:

“Fue volver a nacer. Uno cuando nace no sabe como va a nacer, y yo cuando salí de ahí no sabía como iba a salir, no sabía si estaba bien o si estaba herido” comienza diciendo Tomás.

“Para poner en contexto, yo cuando choco contra el camión quedé atrapado, entre el torpedo y el volante me apretaban contra el asiento y no podía salir. Uno siente que está pero no sabe que tan bien o mal está. Fue cuestión de minutos, segundos y me vuelven a chocar de atrás. Ahí la chata se da vuelta y eso me libera, saco las dos piernas y tuve que romper la ventana para salir, me lastimé todas las manos para salir. Y afuera el clima, no se veía nada, era lo peor de la tormenta, me pegaba la tierra en la cara, los palos, la arena, se me pegaba la tierra en las heridas, me ardía, me dolía todo. Ahí lo encontré a mi papá nos abrazamos, lloramos. Estabamos en shock” cuenta Tomás muy emocionado.

Pero también Ivan cuenta como fueron esos minutos de angustia tras el primer impacto:

“Son segundos. Cuando chocamos, yo salto por la ventanilla, porque mi hijo estaba atrapado, yo había intentado sacarlo y estaba atrapado entre el volante y el asiento. Entonces como mi ventanilla se había roto, yo salto para poder dar la vuelta por el lado de él y tratar de sacarlo. Y cuando mis pies tocan el suelo, escucho el frenazo del segundo camión. Y el camión se llevó puesto a otro auto que nos había chocado antes a nosotros, se clava abajo de la chata y la levanta por los aires y la da vuelta. Y ahí pensé “se murió mi hijo” porque estaba atrapado. Y en ese segundo, antes de eso, el camión cuando choca con el auto me pasó a 10 centímetros, y yo pensé que me enganchaba a mi también. Y en esos segundos en medio de la desesperación yo pensaba mi hijo se murió, y no se veía nada por la tormenta y lo alcanzo a ver que venía caminando, lo reconocí por la forma de caminar. Y ahí lo abracé dos segundos, y le dije, vamos, y me lo llevé para la chacra. Porque podía venir otro auto o otro camión. Así que caminamos para el lado del campo, unos 30, 40 metros, y nos sentamos en el piso, yo lo abracé dándole la espalda al viento, esperando que pasara la tormenta.

“Lo único que agradezco es que mi hijo esté vivo”