Crónica del lanzamiento de la cosecha 2017 de Terrazas de los Andes Parcel El Espinillo.

Un viaje de altura de la mano del enólogo Gonzalo Carrasco fue una vivencia única durante el lanzamiento de la cosecha 2017 de Terrazas de los Andes Parcel El Espinillo.

Fue una experiencia 360. Sensorial ciento por ciento, que comenzó con un audio del mismo Carrasco describiendo el mapa de la Cordillera y la filosofía que subyace en las más variadas búsquedas que terminan arrojando como resultado un vino de lujo, inolvidable para los wine lover.

En ese relato se mezclan los sonidos de los ríos y arroyos, el camino de ripio, el ascenso por los viñedos de la ya consagrada IG Gualtallary, hasta llegar a los 1.650 metros sobre el nivel del mar.

Es la finca más alta del Valle de Uco y muchos de ustedes se preguntarán que importancia tiene. Carrasco nos explica que, en cada una de esas diferentes terrazas, la altura y los factores climáticos le van dando al vino su carácter y personalidad.

El entorno se expresa en un suelo heterogéneo, árido, arenoso y con bastante limo, donde afloran las piedras en la superficie, las nieves eternas, jarillas y cardones.

De esa parcela, el número 1E, se obtiene un Malbec de notable frescura en la boca, con notas herbáceas y especiadas. “Casi el anti Malbec”, subraya el enólogo.

En la degustación vía zoom con periodistas de toda la Argentina, la bodega Chandon envió previamente a cada uno un set con postales de la fauna y flora del lugar, y unos pequeños frasquitos con algunas esencias del vino para guardar en la memoria olfativa de cada uno.

Así, la nota herbácea está en el malvón o geranio, las notas especiadas en el romero y el tomillo, y la impronta a frutas rojas y negras, vienen en frasquitos con aromas a cereza y grosella.

La síntesis, entonces, es este Malbec Parcel 1E El Espinillo, que apenas lo ponemos en la boca nos viene a decir “soy distinto, soy la oveja negra, un vino excéntrico”, para ponerlo en palabras de Carrasco.

Ha sido definido como la piedra angular de una nueva era en los vinos de Terrazas de los Andes. Una conjunción de equilibrio, fruta y placer.

Claro que la madera interviene para darle elegancia y estabilidad en los taninos y un tenor alcohólico muy balanceado, en torno a las 12.8 grados, aportando frescura raramente frecuente en los tintos de Argentina.

Un genuino exponente de los vinos de lujo que mereció 99 puntos en la calificación del crítico James Suckling.