Fabiana Grinfeld audicionó con éxito como clarinetista e ingresó al elenco estable provincial en 1986. Rompió una tradición de casi 100 años que arrastraba un profundo arraigo militar.

El 9 de diciembre de 1986 no fue un día más en la vida de Fabiana Grinfeld. Ni en la historia de la música de Córdoba. Ni en la conquista de derechos para las mujeres en pos de la igualdad de género, que ya empezaba a vislumbrar algunos destellos de luz que generaban optimismo.

Por primera vez, y luego de casi un siglo sin presencia femenina, una mujer ganaba un concurso de talentos y obtenía un cargo vacante para ocupar un lugar en la Banda Sinfónica de la Provincia (creada un 24 de agosto de 1892, por decreto del por entonces gobernador Manuel Pizarro).

Tenía tan solo 20 años. Su instrumento era, desde su primera infancia, el clarinete.Fue una fiesta. Una fiesta de comunión interna”, rememora sobre aquella victoria.

La llegada de Grinfeld a la Banda no fue obra del destino, se generó en un marco propicio que motivó su desembarco: el contexto de la época era el adecuado debido a que el director de por entonces, el maestro Gabriel Schapiro, había introducido cambios sustanciales en el repertorio musical.

Dejando atrás el contenido puramente militar de otros tiempos, Schapiro se animó a incursionar en géneros más populares, tales como el jazz o la música de películas.

El año ‘86 trascurría con cambios culturales propios de un tiempo posterior al Proceso Militar que ensombreció durante siete años a la Argentina y la Banda Sinfónica no fue ajena a estas renovaciones.

“Los dedos de un músico son como los pies de un bailarín, o las piernas de un gimnasta”, grafica la clarinetista para comparar sus primeros contactos con el instrumento y la ductilidad y destreza que adquiere una niña de cinco años al comenzar a practicar de tan pequeña una disciplina artística.

Entre vientos: el comienzo de una nueva era

Hace 35 años comenzó una nueva etapa en la Banda Sinfónica de Córdoba. Fue el primer paso que habilitó el posterior arribo de nuevas músicas a ocupar puestos dentro del elenco, incluso hasta de directoras. Hoy, la formación cuenta con entre 10 y 12 mujeres, de un total de 65 integrantes. La dirige el maestro Andrés Acosta.

Nacida en barrio Parque San Vicente, esta cordobesa de 55 años, madre de dos hijos (Kevin e Iván), amante del yoga, la meditación y las neurociencias, eleva sus conversaciones a un plano espiritual, se muestra agradecida y prefiere correrse del rol de protagonista.

“En la audición me fue excelentemente bien. Adentro mío estaba muy emocionada, yo sabía que había ganado. Yo no pensaba en que era la primera mujer, estaba emocionada por haber entrado al organismo, no por ser la primera mujer”, recuerda sobre aquel día.

Grinfeld insiste en remarcar que la audición no tuvo nada en especial, que lo que se evaluó fue su desempeño, su música, su profesionalismo. “Jamás me enfoqué en si era o no una chica, me enfoqué en rendir con excelencia”, sentencia.

Al momento de audicionar, cursaba en el Conservatorio Provincial y tomaba clases particulares con quien fuera director de la Orquesta Sinfónica, Güerino Curvino.

La Banda Sinfónica, en palabras de la intérprete, era —hasta promediar la década de los 80— un organismo tradicionalmente masculino, por mitos muy arraigados a lo militar, ya sea por su origen histórico o por el contenido de su repertorio. Su llegada al orgasnismo y la ebullición cultural imperante que se impuso post Dictadura patearon el tablero.

Tango, Jazz, Cumbia, Música Popular, Bandas Sonoras, Opera impregnaron el cancionero sinfónico y tiñeron el aire del máximo coliseo provincial: el Teatro del Libertador. Y se diseminaron por todos los escenarios provinciales.

Este domingo 14 de marzo, la Banda se presenta en la Sala de las Américas del Pabellón Argentina. La cita será a las 20, con el espectáculo “Mujeres”. Es un show musical con obras de compositoras y compositores de la América hispana, adhiriendo a la conmemoración por el Día Internacional de la Mujer.

El amor por la música de Grinfeld nació de muy pequeña, escuchando tocar el piano a su madre Raquel Abrudski, profesora de vocación. Su hermano es también profesional, violinista de orquesta. Ella demuestra y expresa gratitud. En esa palabra resume sus sentimientos hacia la música: gratitud. A su familia biológica; y a su familia que eligió sobre las tablas y a la que la eligió a ella, hace 35 años.