Hace 40 años, los hinchas cordobeses le dieron la espalda a Diego y a la Selección por estar “enchufados” con la Academia del “Coco” Basile.

Ocurrió en Córdoba hace exactamente 40 años, el 16 de diciembre de 1980. El combo de datos es contundente y puede apresurar una conclusión que se cae de madura. Tome lápiz y papel y anote el abanico de atractivos ofrecido para una noche de fútbol de excelencia. A saber: partido internacional de selecciones entre Argentina y Suiza, la Albiceleste campeona vigente desde 1978, último partido de preparación de cara al Mundialito de Montevideo que comenzaría dos semanas más tarde, todos los titulares en la cancha sin guardarse nada y, por si fuera poco, la presencia del mejor jugador del mundo, Diego Maradona.

¿Cuántos estadios Kempes se precisarían hoy para contemplar un escenario como aquel? ¿Alguien dudaría en que las entradas volarían y que la reventa sería multimillonaria? Para cualquier organizador de eventos, tener los derechos de un espectáculo de esa escala, es soñar con los ojos abiertos. Pero no siempre todo sale redondo y de acuerdo a lo esperado. Hay veces que, parafraseando a Diego, hasta al más vivo “se le escapa la tortuga”.

Y algo de eso pasó para que, a pesar de la apetecible oferta, el público cordobés le haya dado la espalda al encuentro. Apenas unas 18 mil personas acompañaron al equipo conducido por César Menotti, que ese día se despachó con una goleada de 5-0 sobre los centroeuropeos, ratificando con un “baile” su condición de monarca.

¿Cuál fue la razón de tamaño fracaso de concurrencia? Podría decirse que después del éxito del Mundial ’78, el hincha estaba aburguesado y no se enganchaba así nomás por un amistoso, aunque esté el número uno del mundo. También podría especularse en que la presencia de Maradona estaba siempre puesta en duda y esa incertidumbre no le jugó a favor. 

Pero al margen de ello, lo que pesó de manera rotunda fue otra oferta que opacó la presencia de Diego y la Selección campeona: el Racing del “Coco” Basile. Es que por aquellos días, la Academia entusiasmaba con su fútbol de alto vuelo y convocaba más que cualquiera.

El ambiente deportivo de la Docta estaba con la cabeza en la gran definición del Nacional, con el club de Nueva Italia disputando la final del torneo con Rosario Central. ¿Le cuesta creerlo? La prueba es irrefutable: sólo cinco días más tarde, el domingo 21 y con entradas más caras, el Chateau lució completo para envidia de los organizadores del amistoso internacional.

Documentales y Maradona

Los suizos habían llegado en la semana casi en silencio y se instalaron en el Motel Mónaco de Villa Carlos Paz. Los acompañaba un equipo de la televisión helvética que realizó un documental sobre el fútbol del campeón del mundo y, de paso, un informe acerca de la dictadura que gobernaba el país.

Los de Menotti, en cambio, llegaron el mismo día del partido y con la incertidumbre de la presencia de Maradona hasta último momento. Incluso, la previa de La Voz del Interior de aquel día titulaba “¿Dónde está Maradona?”.

Es que el “10” no había concentrado en la Villa Marista debido a que ocupó el día en trámites judiciales derivados de la denuncia por agresión que le había interpuesto Rubén Freites, un chico de 16 años, quien después de solicitarle la rúbrica y recibir un ilegible garabato, le preguntó: “¿También querés cobrar por firmar autógrafos?”. La piña que le metió Diego difícilmente se la olvide.

La goleada

En lo estrictamente futbolístico, al equipo argentino le bastó el primer tiempo para liquidar el pleito. Antes de los 10 minutos ya ganaba 2-0 con goles de Ramón Díaz y Leopoldo Luque y sobre el final del período Daniel Valencia y Maradona aumentaron para un 4-0 aplastante. El segundo tiempo estaba de más y Argentina “se entrenó” a media máquina, reservó energías para la cita de Montevideo y Daniel Passarella, de penal, estructuró el 5-0 definitivo.

“Maradona salió dispuesto a desmentir cualquier versión que le atribuyera ‘estar en otra cosa’. Fueron 10 minutos excepcionales del genial Diego, ante un equipo endeble, que no supo cómo parar al 10 de la selección nacional”, decía el comentario del matutino cordobés.

Al final, por curioso capricho del destino, quienes sí demostraron estar en otra cosa eran los aficionados cordobeses, más “enganchados” en un equipo de su provincia que en la presencia de la Selección y del mejor jugador del mundo. Aunque usted no lo crea.