El 25 de enero de 1981 el plantel millonario se salvó de milagro de una catástrofe. El episodio, poco divulgado, cumple 40 años.

Ubaldo Fillol, Norberto Alonso, Oscar Ortiz, Reinaldo Merlo, Juan Carlos Heredia… La lista incluye unos cuantos jugadores más que este lunes cumplen 40 años. ¿Todos juntos el mismo día? Tal cual. O al menos eso se desprende de una frase que ellos mismos pronunciaron el domingo 25 de enero de 1981: “Hoy nacimos de nuevo”.

El episodio quedó en el olvido y ahora es poco conocido. Pero para aquellos que no se cansaron de hacer promesas a 10 mil metros de altitud, en un vuelo que milagrosamente escapó a un destino casi asegurado de tragedia, la fecha puede celebrarse como un segundo cumpleaños.

La historia comenzó en Aeroparque, con el cotizado plantel de River Plate embarcándose para Córdoba en un DC-9 de Austral que debía unir la capital argentina con esta ciudad. Los Millonarios, con tres  de sus siete campeones del mundo vigente entre sus viajeros, debían presentarse en el Chateau ante Racing de Nueva Italia, en el marco de la Copa Córdoba ’81, que también tenía por protagonistas a Independiente, Belgrano, Talleres e Instituto.

Cuando se anunció la partida del vuelo, a las 19.30 y con media hora de demora, algunos pasajeros miraron desconfiados el entorno de tormenta, con lluvia, cielo oscuro y descargas eléctricas. Arriba los esperaba una coctelera que los llevaría a Córdoba… con escala en el infierno.

Postal del miedo

Juan Carlos Heredia lo recuerda hoy con lujo de detalles: “Fue una pesadilla, con escenas y sensaciones horrorosas. Todo empezó cuando un rayo nos pegó en un ala, los sacudones y ruidos en el avión fueron un espanto”, arranca “la Milonguita”, reconociendo que el miedo lo invadió como nunca. “En mi carrera subí varias veces a aviones y también tuve una fea experiencia en Islandia, una vez que viajamos con el Barcelona. Pero en ese viaje a Córdoba le vi de cerca la cara a la muerte”, cuenta con crudeza.

“Yo iba en los asientos de tres, al medio, flanqueado por ‘el Nene’ (Emilio) Commisso y ‘el Beto’ Alonso. Recuerdo que venían inclinados y agarrándome las piernas por debajo de las rodillas. Yo me hacía el tranquilo, pero estaba tan cagado como todos”, asegura Heredia.

Entre el pasaje del avión estaba el periodista Osvaldo Díaz, enviado especial de la revista partidaria River, testigo (¿privilegiado?) de aquella experiencia. El semanario porteño, gracias a la oportunidad del cronista, dedicó su portada al terrorífico viaje a Córdoba con una frase bastante elocuente: “La muerte pegó en el poste”.

El episodio, que no tuvo demasiada repercusión mediática porque el plantel quiso olvidarlo rápido, opacó otra noticia que quedó postergada a un rincón de aquella tapa a pesar de su efecto bomba: “¡Vamos a comprar a Maradona!”.

“La tormenta se desató en el aire. La máquina bajó de golpe, aproximadamente 500 metros, y las caras de pánico se dibujaron en cada uno de los pasajeros”, escribió el periodista y ofreció más detalles del cuadro dantesco que se vivió arriba del avión.

“Las botellas comenzaron a rodar por el piso con el avión inclinándose para un costado y otro. Las luces provocadas por los rayos se metían en el interior. Los motores fueron puestos a full, sin embargo el avión parecía no avanzar un metro. La desesperación invadió al pasaje. (Eduardo) Saporiti, tras un grito ensordecedor, se desmayó. Héctor López lloraba y le pedía a su madre que lo ayudara. El Negro Ortiz sacó la foto de sus hijos y comenzó a besarla. Ángel Labruna, con la experiencia de tantos viajes, pronosticó: ‘De esta no nos salvamos’. Todos aguardaban la explosión, que la máquina se deshiciera en el aire”, publicó la revista.

En medio de tanto pavor, también quedó lugar para el humor. “Mostaza Merlo, en medio del baile, gritaba con su internacionalmente reconocido vozarrón: ‘Tenemos hijos… Tenemos hijos…’. Claro, en medio del ajetreo nadie reparó en él, pero después, en Córdoba, todos le preguntaron porque razón hablaba de los hijos si él, precisamente, es uno de los solteros del plantel. Reinaldo, sonriendo, acotó: ‘Pensé en los pibes de ustedes’”.

¡Partido suspendido!

Cuando finalmente la aeronave tocó suelo cordobés, el plantel respiró aliviado. Los jugadores y los ocasionales pasajeros (era un vuelo de línea) se abrazaban y festejaban como si hubiesen marcado un gol. Enseguida se dirigieron al Hotel Crillón y brindaron por una nueva oportunidad en la vida.

Al día siguiente, fecha prevista para el partido ante la Academia de Gasparini, Amuchástegui y compañía, la lluvia continuó y el encuentro se postergó 24 horas. Pero como el meteoro continuó sin solución de continuidad, el encuentro se canceló hasta mejor ocasión (finalmente se jugó el 11 de febrero y fue empate 1-1). Después de semejante viaje, River debió regresar a Buenos Aires sin jugar.

“Yo le pedí permiso a (Ángel) Labruna y me quedé un par de días en Córdoba –cuenta Heredia–, pero el resto de los muchachos no quiso volverse en avión y tomaron un tren. Estaba escrito que todo iba a salir mal, porque tampoco tuvieron suerte y sólo llegaron hasta Villa María, porque el coche no pudo seguir. Tuvieron que dormir allí”.

Hoy varios pueden contarla y muchos de ellos terminaron el año celebrando el título de campeón del Nacional. La suerte, claro está, no estaba echada.